DIARIO DE SESIONES
DE LA
CAMARA DE SENADORES

CUARTO PERIODO ORDINARIO DE LA XLVI LEGISLATURA
8ª SESION ORDINARIA

PRESIDEN EL SEÑOR RODOLFO NIN NOVOA Presidente
Y SENADOR ARQUITECTO MARIANO ARANA Primer Vicepresidente

ACTUAN EN SECRETARIA LOS TITULARES ARQUITECTO HUGO RODRIGUEZ FILIPPINI

Y SEÑOR SANTIAGO GONZALEZ BARBONI Y EL PROSECRETARIO DOCTOR ERNESTO LORENZO

CHIARA LUBICH

SEÑOR PRESIDENTE.- Continuando con la hora previa, tiene la palabra el señor Senador Long.

SEÑOR LONG.- Señor Presidente, señoras Senadoras, señores Senadores, estimadas amigas y amigos, personalidades que nos acompañan en la tarde de hoy desde la Barra del Senado de la República: el pasado 14 de marzo, a los 88 años de edad, en la ciudad de Roma, dejó este mundo Chiara Lubich, una de las personalidades más influyentes de la Iglesia Católica moderna. Su desaparición física motivó el homenaje del Papa Benedicto XVI, así como cuando cumplió sus 80 años mereció un muy importante homenaje del entonces Papa Juan Pablo II.

No obstante ello, en la tarde de hoy, en el Senado de la República, queremos rendirle un pequeño homenaje a cuenta de un tributo mayor que entendemos que la sociedad uruguaya deberá realizarle a Chiara Lubich en el momento que resulte más adecuado.

Entre las numerosas actividades de esta personalidad extraordinaria del Siglo XX y comienzos del Siglo XXI, cabe recordar que ha sido la fundadora del Movimiento de los Focolares, que cuenta con 140.000 miembros y con más de 2:000.000 de adherentes en 180 países del mundo. Se trata de uno de los nuevos movimientos católicos que florecieron luego de la Segunda Guerra Mundial, que se afirmaron durante el pontificado de Juan Pablo II y que contribuyeron con importantes cambios en el seno de la Iglesia Católica, en el ámbito de las comunidades, de la fe en el mundo y, más aún -me atrevo a decirlo-, en el ámbito mundial, como vamos a ver enseguida.

Solamente para mencionar algunos aspectos de su trayectoria, cabe recordar que recibió importantes premios y reconocimientos. Concretamente, recibió el Premio UNESCO, 1996. Por la educación a la paz; el Premio Derechos Humanos, del Consejo de Europa, en 1998, y el Premio Templeton, Por el progreso de la religión, en 1977.

También es importante señalar que recibió numerosos reconocimientos académicos y doctorados de, prácticamente, todo el mundo. En este sentido, vale recordar, por ejemplo, el doctorado Honoris Causa de Lublin, Polonia, el de la Universidad Pontificia Santo Tomás, de Las Filipinas, el de la Universidad San Juan Bautista de la Salle, de México, el de la Universidad de Buenos Aires, de la República Argentina, el de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán, de la Universidad de Malta y el de la Universidad Católica de los Estados Unidos de América, por nombrar solamente algunas distinciones de una larga lista que muestra la universalidad de su reconocimiento.

En cuanto a su vida, cabe mencionar que Chiara Lubich nace en 1920 en la ciudad de Trento, en el norte de Italia, siendo bautizada con el nombre de Silvia, que luego cambió por su devoción a Santa Clara. Tuvo una gran influencia de su madre desde el punto de vista católico, y de su padre, que fue un luchador antifascista en Italia durante la Segunda Guerra Mundial.

A los 24 años, en 1944, siendo maestra de una escuela primaria en Trento, sintió el llamado y a partir de ese momento, en las vicisitudes de la Guerra, en refugios y lugares fuertemente bombardeados -cabe recordar que esa ciudad sufrió, duramente, los rigores de la Guerra-, inició una prédica que se tradujo muy pronto en la fundación del Movimiento de los Focolares. Ya en sus primeras instancias, es importante destacar algunas de las características originales de dicho Movimiento, como fue la importancia del rol de los laicos, el "redescubrimiento" de las Sagradas Escrituras y la Liturgia, con rasgos particulares de alegría, el uso de canciones populares de la época y el mensaje de unidad. Luego, no solamente por la acción de Chiara Lubich, sino también por muchos otros cambios que se sucedieron, terminaría haciendo lo propio la Iglesia Católica en su conjunto, a partir del Concilio Vaticano II, pero varias décadas más tarde.

En ese momento inaugural y augural de tantas cosas, se produce un encuentro con la frase de San Juan "Que todos sean uno", que establece el concepto de unidad como elemento absolutamente básico, lo que se transformó en una característica esencial de ese movimiento naciente. Así fue como se pudo derribar las barreras locales, lo cual, de alguna forma, resultó sorprendente. Por ejemplo, lo primero que llama la atención es la capacidad de lograr acciones comunes entre Trento y Bolzano. Los que han estado en esa zona saben que eso es difícil de lograr -y probablemente mucho más en aquella época-, ya que se trata de dos partes de un mismo territorio que hablan distintos idiomas y tienen distintas tradiciones con un localismo muy acentuado. Ese énfasis en la unidad hizo que este naciente Movimiento de los Focolares, en condiciones muy especiales, a fines de los cuarenta se expandiera por toda Italia, en la década siguiente por toda Europa y, más adelante, al terminar los sesenta, por todos los continentes del mundo.

Cabe recordar que Chiara Lubich nunca visualizó su Movimiento como si fuera de naturaleza puramente religiosa; por el contrario, siempre buscó trasladar los valores y los principios que la guiaban a diversos ámbitos, entre ellos y muy particularmente, al de la vida pública. A este respecto, es necesario mencionar su encuentro con Igino Giordani, un vigoroso pensador político, diputado de posguerra y fundador de la Democracia Cristiana en Italia, así como con el Primer Ministro Alcide De Gasperi, quienes se transformaron en sus amigos, en seguidores de sus consejos y sugerencias.

No hay duda alguna de que esa convicción sobre la importancia de la unidad, que tiene que trascender por encima de cualquier otra barrera -ni qué hablar de credos, pero también de naciones y de razas-, contribuyó en gran medida al desarrollo de ese espíritu unitario en la Europa de posguerra, que luego culminaría con la creación de la Unión Europea, hecho en el que sin duda el pensamiento social cristiano tuvo un rol absolutamente fundamental.

En esa misma dirección y respecto a ese sentido de unidad, nos parece importante señalar sus esfuerzos para avanzar en las acciones tendientes a generar el diálogo interreligioso. En este caso, también podríamos destacar una cantidad de reconocimientos impresionantes de los que fue objeto, entre los cuales se encuentra el de haber sido la primera cristiana que habló en la Mezquita de Harlem, en Nueva York, como tantas acciones que contribuyeron a la expansión de sus convicciones.

Me gustaría, en pocas palabras, referirme a una serie de aspectos esenciales de su obra y de su acción con los que contribuyó al progreso de la humanidad. Sin duda, debemos mencionar el apoyo y la ayuda a los más necesitados, actividad que la llevó a desarrollar una gran amistad con la Madre Teresa de Calcuta. A este respecto, vale la pena recordar que en nuestro país también se reconocen ejemplos extraordinarios de dicha acción, tanto en nuestra propia ciudad como en otros ámbitos del país. Cabe destacar, asimismo, la unidad en el más amplio de los sentidos -tema al que ya nos hemos referido-, la creación de la Economía de Comunión, a la que podríamos calificar como una nueva escuela económica -que hoy florece y se materializa en numerosos lugares del mundo-, y finalmente, la influencia en el pensamiento y la acción política de los cristianos -que ya hemos nombrado con relación a Italia-, todo lo cual se expandió a través de la creación del Movimiento Político por la Unidad -precisamente de carácter político- a todo el mundo.

Respecto a este último aspecto, quiero citar las palabras de Chiara Lubich cuando dice: "Él" -refiriéndose a Cristo- "ha dicho con palabras fuertes, renunciar a uno mismo y tomar la propia cruz. La propia cruz. ¿Cuál es la cruz específica para quien se mueve hoy en política? Creo que a menudo sea la falta de unidad, de concordia, que hacen el trabajo pesado y poco fructuoso; las posiciones encontradas entre partidos sin querer comprender las motivaciones del otro; las divisiones por causas étnicas dentro de los Estados; las divisiones entre Estados, etc. Entonces, será necesario ver cómo superar estas faltas de unidad y cómo llevar allí la unidad."

Para terminar, solicito que la versión taquigráfica de mis palabras sea enviada a la Conferencia Episcopal del Uruguay, al Movimiento de los Focolares en nuestro país, concretamente al señor Gustavo Clariá y a la señora Olga Suárez; a la Nunciatura Apostólica en el Uruguay; al Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, Cardenal Stanislaw Rylko; a la Conferencia Episcopal Italiana, al Cardenal Bagnasco; a la Presidenta del Movimiento Político por la Unidad, la señora ex diputada Lucía Fronza; al Presidente del Movimiento Político por la Unidad del Uruguay y a sus integrantes, Alberto Scavarelli, Carlos Pita, Mario Cayota, Marcos Carámbula y Eber Da Rosa y a los señores Senadores Cassini y Veltroni en Italia.

Muchas gracias.

(Aplausos en la Barra)